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lunes, 23 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

 
UN MUNDO MEJOR PARA TODOS

ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
Si fuera posible, iba a ser la más noble concesión a nuestros mayores, en compensación de todos los esfuerzos realizados, por tantos desvelos y constancia en la ardua lucha por darnos una vida mejor; siempre por nosotros, que hemos recibido tanto de ellos, sus sabias, amorosas y desinteresadas atenciones hasta su último aliento... Me estoy refiriendo a los autores de nuestros días, nuestros padres, siempre inseparables, como fueron los míos hasta que Dios les condujo, seguramente, como premio a sus buenos actos, al Edén prometido, donde sus almas descansarán en la Paz del Señor. Qué sublime destino el de las almas buenas y qué consuelo siento cada día cuando les recuerdo, más consuelo que tristeza, porque me imagino verles allá, también disfrutando de los que antes se fueron, cumpliéndose así, todos sus deseos de hallarse juntos...

A los viejos, en vida, deberíamos darles más, todo el bien que podamos, aunque no nos lo pidan. Darles tranquilidad y nuestro amor sabiamente compartido, demostrarles que sí les queremos mucho más de lo que se piensan; y que no quisiéramos nunca perderles por lo mucho que les necesitamos. Disipar sus temores, en cuanto a ese porvenir que tanto les aterra, porque también sienten y se preocupan, al pensar que tengan que dejarnos, por ese instintivo afán de protegernos, ante las adversidades que la vida pueda reservarnos. Esos malos momentos que preferirían padecer en sus propias carnes, como se suele decir, antes de ver sufrir a un hijo por cualquier inconveniente desafortunado.
Debiéramos alegrar sus últimos días, que de seguro sabrán agradecerlo. El rencor que sienten algunos hijos hacia sus padres, nunca puede justificarse, eso es solo desconsideración y malos instintos... Así como una madre busca del hijo el consuelo de sus caricias y la tierna palabra de amor, el hijo debe abrir su corazón para ella... Hoy difícilmente existe un diálogo distendido y armonioso en el seno de la familia, hay más desencanto que ternura. La desolación reinante es producto de ese alejamiento cruel entre unos y otros y la causa que acelera la muerte de muchos viejos y sin ser tan viejos, por las constantes contrariedades que surgen cada hora del día, por motivos vanos con despropósitos, o deliberadamente. El ser humano difícilmente soporta de continuo tales presiones emocionales y desconsideradas de los seres que más quieren. Insisto en que la agresividad y la falta de principios cívicos están acabando con nuestra sociedad y los más débiles difícilmente lo soportan. Hay muchas gentes despiadadas, que ni sospechan que sea cierto lo que digo, que vamos abocados al caos social... Salvo valientes excepciones, entre los que me incluyo y doy gracias a Dios. Hay una gran mayoría que viven despreocupados y no reparan en empeorarlo todo, que si mal están las cosas peor se ponen con la indiferencia que derrochan, no queriendo pensar en qué será de nosotros si no hacemos una detenida reflexión acerca de nuestros destinos si nos salimos del verdadero camino...
La divinidad del amor está presente en nuestros actos, es posible que algunos no lo hayan entendido antes, de que Dios está en todas partes, también donde están nuestras miserias. Es posible que no hayan caído en la cuenta, de que aquello que siembres hoy, será lo que recojas mañana... Es posible que, inocentemente, hayamos incurrido en el grave delito de no darles a nuestros viejos el cariño que necesitan para seguir arrastrando el pesado bulto de sus múltiples preocupaciones... No esperemos hasta llegar a viejo para entenderlo mejor. ¡No lo deje para mañana!.. Ahora abramos los ojos ante nuestras propias conciencias, y "ante Dios", entonces una luz distinta iluminará a nuestros instintos personales y nos llenará el corazón de valor y caridad humana para los demás... Y habrá sensaciones distintas que nos devolverán, a tiempo, la ilusión perdida en la fe, con el abandono injustificado de nuestros más elementales valores humanos. Una luz alentadora que en nuestro recogimiento espiritual, en el silencio de nuestras dudas, despejará senderos antes ocultos por nuestra ignorancia lesionadora y a poco que sintamos la sensación generosa de esa extraña fuerza, sentiremos también fortalecerse nuestro espíritu, y meditando, aún frente a esos nuevos senderos, más reconfortados, daremos los primeros pasos solos y sin detenernos ya.
Y descubriremos el ancho camino de esa felicidad misteriosa que nos depara la fe... Descubriremos en nosotros mismos la inagotable fuente de amor que antes se nos negaba, cuando no sabíamos llegar hasta ella. Dentro de nosotros escucharemos como el dulce canto de un coro angelical, es la alegría de haberse uno descubierto a tiempo. Todo parece un nuevo amanecer después de la turbulenta pesadilla del angustioso sueño, que tantos no consiguen dominar, porque no quieren escuchar la voz de la propia conciencia... Siempre hallaremos algún viejo a lo largo del camino, esa imagen humilde y buena, con todas sus características humanas que le delatan y la ansiedad que no puede disimular cuando se pierde su cansada mirada buscando a lo lejos... Siempre hallaremos a un nuevo amigo, tal vez acompañado de su inseparable perro, dejando sus huellas en el camino y con ellas señalando un horizonte nuevo, un mundo mejor para todos...

sábado, 21 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,


Y LA PALABRA SE HIZO PLEGARIA
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
¿Cuál es el misterio que encierran las palabras que fluyen desde la mente, fuente mágica de inspiración y sentimiento? ¿Qué relación guardan, a veces, nuestro corazón con ellas? La voz del alma -diría el poeta- se hizo palabra y esa expresión, una plegaria que rompe el silencio de la soledad.
Con estos pensamientos caminé por el pueblo. Muy pocas cosas conocía ya de aquel bello lugar. Todo había cambiado desde entonces y llegué a sentirme como un extraño, allí, donde tantas huellas debe haber quedado de aquel pasado irrepetible. Tal vez hayan fenecido en el olvido, bajo el influjo del injusto abandono.
Comenzaba aburrirme yendo de acá para allá, sin hablar con nadie, cuando, me llamó la atención ver a un señor de edad avanzada, sentado en un vetusto banco en la plaza pública, acariciando a un perro que se le había acercado; y me fijé con interés en la conducta de ambos, por saber cuál de los dos reflejaba en su actitud, más placer, más gratitud... Ambos componían el cuadro de la confraternidad, compartían sus penas y necesidades, seguramente... Buscaban "la voz amiga", esa comunicación tan necesaria, la caricia mutua. Aquella ilusión, ahora despertada, aunque se desvaneciera luego como un sueño roto que jamás fuera a recomponerse, denotaba las fuerzas del amor. Más tarde supe que el viejo había sido abandonado por los suyos y el perro había corrido la misma suerte. Ambos estaban solos en el mundo.
Es, a veces, la incomprensión de una parte de la sociedad, la ingratitud y deshumanización de la misma, lo que genera estas repugnantes situaciones. Eso ocurre con frecuencia en algunos pueblos y ciudades, con los viejos y con los animales, los dejan aparcados en cualquier lugar, como objetos inservibles, cuando ya poco pueden dar de sí.
De regreso, al pasar por la plaza, ya no estaba el viejo ni su amigo el perro, los dos habían desaparecido.
En casa, cuando me vi rodeado por mi familia, colmado de atenciones, la esposa, los hijos, los nietos y el perro, elevé la vista hacia el cielo y di gracias a Dios por todo cuanto poseía y por la paz de mi hogar. Supliqué: ¡Señor!, que no pasen hambre ni frió los viejos ni los animales abandonados, búscales un lugar digno, o llévalos contigo, para que nada les falte.
La voz del alma se hizo palabra, presiento. Nunca supe del destino de aquellos seres abandonados, de aquellos tristes mendigos que fueron marginados sólo por ser viejos, decrépitos y desafortunados...
Rodeado de los míos, supe la valía de cada uno de ellos. Sentí la extraña sensación que llega a ahogarnos de emoción; y volví a pensar en qué solos deben sentirse los seres abandonados.

jueves, 19 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

SEÑORES POLÍTICOS EN VUESTRAS MANOS ENCOMIENDO A MI CIUDAD
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
No voy a renunciar a mis derechos constitucionales, no voy a botar por la borda tantas ilusiones, la lucha constante y tantos esfuerzos por hallar alguna vez la paz, no sólo soñada por mí, por todos los pueblos: Armonía ciudadana, respeto y solidariedad; aquella ansiada intención de solidaria participación ciudadana frente a los múltiples problemas que en la actualidad nos aquejan.
Mis palabras se desprenden, en estos difíciles momentos de la evidente y circunstancial manera que la sociedad repara algunas veces los desaciertos sufridos.
La impaciencia se ha hecho colectiva, máxime ahora, fechas preelectorales, tan próximo el día decisivo… Pero aparte de la impaciencia, a la que se suma la incredulidad compartida, existe la gran desorientación de la mayor parte de las gentes. Son más los que dudan en, si ir o no, a la cita a depositar la tarjeta, que aquellos que piensan en posible arreglo de nuestros problemas políticos, cívicos y económicos reinantes. Y ya hay, quienes antes, desde mucho antes de conocer los futuros resultados del escrutinio, no ven horizonte alguno, sólo la turbidez de las acuciantes dudas.
Lamentablemente, no hay donde ir a acabar los días… Por todas partes existen problemas parecidos, que aunque no sean iguales a los nuestros, tienen que ver con sus propias economías y la forma de combatirlas. Lo nuestro es un batido de circunstancias que sumadas hacen nuestro problema más grande que ninguno, somos conciente de ello y no hallamos, a medio o a corto plazo, solución alguna. Hasta piensan si los que van a venir (si hay cambio) una vez alcanzado sus triunfos, vayan a ser peores que los conocidos.
No caben dudas, de que los que andan más nerviosos son los Partidos Políticos, los que piensan o pensaban ya casi seguros que la victoria iba a ser para ellos, con aquello de la mayoría absoluta… Las encuestas se han lentificado considerablemente y dan qué pensar. Las minorías, o dicho de otra manera, los pequeños partidos políticos, sin embargo, están afilando sus garras en la creencia que, al cambiar la dirección de los vientos, las posibilidades son otras y más alentadoras. Así pues, la lucha sigue hasta ver.

miércoles, 18 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

VIENDO MORIR LA TARDE
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Mirando al exterior diviso la ladera del Valle de La Orotava, el Teide al fondo y el cielo cubierto de las habituales nubes que definimos “panza de burro”. El Teide acabó cubierto del todo, pero los pueblos del Valle se ven sin dificultad. A esta hora suelen verse gran cantidad de aves, volando en distintas direcciones, es la hora del retorno para ellas. Es la hora, también, más triste del día, cuando comienza a morir la tarde y surgen los reflejos rojos anaranjados del ocaso. Parece como si dentro de uno, también estuviera muriendo algo. Un día más que se nos va con el sigilo de las horas que van pasando. Las aves siguen cruzando el aire que dista entre ellas y mi balcón, como si temieran que el negro manto cayera cual nefasto telón y no pudieran seguir su vuelo hacia el lugar donde, tal vez les esperan... Ya se ven, allá, en los altos de la ladera, las primeras luces prendidas. Ya el aire se va difuminando, bajo el mar de nubes que van tornándose más densas y oscuras. Ya escribo con cierta dificultad, está corriéndose el velo gris de la tarde y la noche no me sorprende, está nublando mi vista mientras escribo y oigo boleros, que me recuerdan que fui joven una vez, ¡sólo una vez!, una época apasionada y que, poco a poco, se ha ido apagando como la tarde. Boleros que están resucitando ¡tantos recuerdos! Música que se ha perpetuado en nuestro corazón y que fue testigo fiel de nuestros más puros sentimientos; y hasta nos hace soñar y nos devuelve la ilusión perdida. Uno llega a idealizar esas voces también, voces amigas, que despertaban en nosotros instintos febriles y apasionados.
Así como las aves están hoy tan locas, de allá para acá, están igual mis recuerdos revoloteando en mi mente. Y uno se aferra a ellos con fervor, ya que son una hermosa parte de nuestras vidas, recuerdos que están aún latentes en nuestras mentes. ¿Qué será de ellos, cuando uno muera, se irán con nosotros o se apagarán simplemente, al unísono, como una tenue llamita que se extingue con el último suspiro?
Los pálidos reflejos de las luces que a lo lejos parpadean, me confirman que la tarde ha muerto, se han eclipsado, también, en mi mente; los duendes que antes me asaltaron, pero los recuerdos seguirán cobijados en mi alma, esos nunca se apagarán, mientras pueda latir mi viejo corazón.
Viendo morir la tarde, adivino el parpadeo de las pálidas estrellas y de las luces de mi Valle, asomadas en el amplio espectro de la noche que languidece... Hasta que de nuevo se prenda el lucero del alba matinal.
La noche será larga, sin estridencias ni jadeos que la perturben, una noche para volver a soñar. Mientras, los recuerdos quedan en la soledad de su cautiverio, allá lejos, al otro lado, en la onírica dimensión de la lejanía...
Si hay un nuevo amanecer, habrá también un nuevo ocaso crepuscular que despierte sentimientos ocultos. Como los recuerdos, y un mágico fulgor que llegue a encandilar y sólo podamos intuir la huida del tiempo que va pasando y se pierde en la distancia... Como la blanca paloma que no retorna.

martes, 17 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

PUERTO DE LA CRUZ EN EL PUNTO DE MIRA TURÍSTICO
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Ya que no leen aquellas protestas, denuncias y súplicas que se les hacen, a través de los periódicos, revistas, informaciones siberméticas, dirigidas a las personas responsables, elegidas democráticamente para regir los destinos de cada área política de nuestro municipio, invito a los respetables lectores de este Blog, a que caminen por los distintos lugares de nuestra ciudad y sus alrededores, dentro de nuestros límites, para que puedan comprobar lo que está bien hecho y celosamente cuidado, mas, como les va a sobrar tiempo, también, lo que contrariamente nos choca y que viene a ser aquello que tantas veces hemos denunciado. Entiéndase, sólo con el sano propósito de advertir o señalarlo y oportunamente se corrijan esos defectos o desperfectos, que por cierto, son muchos y muy lamentables.
Hay Ordenanzas municipales que muchas personas se ríen de ellas, eso es sabido de todos y yo mismo lo he denunciado públicamente y se ríen…Y eh ahí, lo sospecho, que sea esa la causa de tantos desafueros. He llegado a pensar, que a los distintos señores Concejales, ni caso les hacen dentro del Ayuntamiento y me consta que los hay muy buenos. Y está demostrado que cuando en el Consistorio quieren hacen las cosas muy bien, aunque les cueste mucho trabajo, lo consiguen y hasta sorprenden. Claro, que si los Concejales fueran respetados, aquellos que se lo merecen, en sus decisiones y no manipulados, otro gallo nos cantara. A mí, me daría mucho gusto, dar unas vueltitas acompañado de alguno de esos señores con cámara fotográfica en mano y un bloc de notas y que juntos compartiéramos opiniones o al menos las discutiéramos, respecto al evidente deterioro y abandono de algunos lugares y que no son pocos. La mitad de los desperfectos iban a ser corregidos, y sin gastar un solo euro.
Haciendo cumplir las respectivas Ordenanzas municipales y sancionando a quienes se nieguen cumplirlas, iban a despejarse  multitud de problemas. Y es más, iban a ganar dinero… Solamente iban a exigirnos cumplir nuestras obligaciones, como debe ser. Siempre respetando, también, nuestros legítimos derechos.
Imaginemos, sólo por un momento, que somos varios turistas, algunos propietarios de  importantes empresas de publicidad en sus respectivos países y que estemos aquí, en nuestra ciudad y demás municipios del norte, en misión de  información turística para documentar determinadas revistas extranjeras sobre nuestras Islas… Si, fotografiando todas las miserias que íbamos a encontrar. Las que vi. en la mañana de hoy, nos despreciarían por incapaces, indisciplinados e ineptos. Una ciudad turística como la nuestra merece ser respetada y “vigilada.”.
¿Cómo vamos a levantar cabeza, si nuestra Sociedad no sabe comportarse ni como hacerse respetar? Las calles están solas, falta vigilancia, haberla la hay, pero no se ven o son muy pocos. Falta vigilancia municipal, no sólo para multar, hay que prevenir, hacerse notar y ganarse el cariño del pueblo y su confianza. Desde que ponemos los pies en la calle, ya estamos viendo anormalidades en todos los aspectos, cometidas por  los de aquí como por los de afuera. Hay muchos guapos en la calle que se creen los dueños…
No exagero, y confieso que a veces siento lástima de cómo hallo ciertos rincones por donde circulan diariamente cientos de turistas o visitantes; el trayecto se hace penoso. Jardines abandonados, hierbajos secos… Vean las autopistas y las autorías del norte. El suelo sucio y roto. Coches aparcados sobre los pasos de peatones, sobre las aceras… Y lo más que cabrea es cuando vemos que pasa la policía los ven y siguen de largo. ¿Cómo se llama eso? Caca de perros, vomitadas de borrachos y meadas por doquiera, paredes y fachadas de edificios nuevos pintadas, etc. Y nuestros respetables ediles lo saben y lo ven diariamente, pero… Los contenedores de basura pidiendo agua y jabón. Claro que hay tantos negocios en quiebra, una ciudad regida así, acaba hundida entre tanta miseria. Y lo triste es que a la gente le importa un pito. ¿De qué van a comer mañana? No vamos a tener donde ir a buscar un nivel de vida mejor. Defendamos lo nuestro con coraje.
Lamentablemente, cuando no hay propósito de superación, acabamos todos igual, encogiéndonos de hombros, conformándonos y esperando que otros nos saquen las castañas del fuego. Al final vamos aceptar aquello de que cada municipio tiene lo que se merece y cada lugar igual .Lo más insólito es que, las ganas de fiestas no las perdemos, disfrutamos normalmente de una sabrosas vacaciones, tenemos fuerzas para exigir y desganas para trabajar a ver si salvamos nuestra atribulada ciudad, sentenciada a muerte por culpa de cada uno de nosotros... Aprovechemos ahora que parece se está componiendo la cosa. Un empujoncito y conseguimos salir de esta pesadilla, Dios quiera que sí. ¿Qué hacemos con los Bancos? Dicen que van apretarnos más las tuercas, hasta quitarnos todo. La iniciativa privada está haciendo el mayor de los sacrificios, aguantando decorosamente, pero no quieren darles créditos razonables, prefieren hundirnos. A ver di nuestros políticos, los de arriba, dan la talla de una vez y meten por vereda a tantos especuladores y se reforman las Leyes antes que sucumbamos de verdad. Nuestra sincera gratitud iban a verla reflejada en las urnas electorales y con mayoría absoluta.

ART. DE UN PORTUENSE,

CUANDO UN SUEÑO SE HACE REALIDAD
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Viendo pasar las horas tan aprisa, cuando se va consumiendo el tiempo de vuestra estancia en Tenerife, me imagino cuanto desconsuelo estarán viviendo, ya que, este sueño hecho realidad y gracias a tantas gentes buenas que lo han materializado, se va a romper en un determinado momento en este real reencuentro con Tenerife y su singular gente.
Como emigrantes que fueron, hace tantos años, bien merecido tienen este agasajo que le hacemos los que entendemos, y que lo fuimos, el sentir de quienes se ven obligados, por la razón que fuera, a dejar su tierra amada, familiares y amigos, buscando, muchas veces el bienestar de los que aquí quedaron en difíciles condiciones económicas, la mayoría de ellos; buscando en nuestra Venezuela querida, el amparo necesario para seguir la ruta de tantos otros hombres hacia un objetivo definido: el trabajo y el respeto que nos merecemos recíprocamente. Obedeciendo las leyes del país que nos acoge.
Entonces no sabían a dónde mirar buscando un horizonte alentador. Y en muchas ocasiones en condiciones infrahumanas, cruzaron “el charco” porque no había otra alternativa, debido a la pobreza en que estaban sumidos. Unos vieron hecha realidad sus anhelos, pues mandaron muchos bolívares para cubrir necesidades perentorias: fabricar ya no sólo la casita sino edificios enteros y educar a los muchachos que valían para ir a la Universidad... De eso ya ni se acuerdan, la mayoría de ellos; y si algo dicen es despotricando, porque hoy la moneda ha perdido valor adquisitivo. Se olvidan del hambre que se pasó en Europa. Pero, concretémonos a Canarias, desde aquellos años cuarenta, cuya única esperanza era América, particularmente Venezuela. Claro, no les interesa recordarlo y mucho menos reconocer su poder económico, con su abierto panorama laboral donde había trabajo para todos los que quisieran iniciarse allí. Los otros, a pesar de haber contribuido en el progreso de ese acogedor país, con su trabajo y sacrificios, llegaron a viejos con menos fortuna material, pero están vivos para confirmar lo que digo. Hay una riqueza espiritual que sólo Dios entiende y nuestra Virgen de Candelaria. En la Gloria existe un lugar reservado para ellos porque han sabido mantener la fe cristiana y por practicar la cualidad humana de ser agradecidos con la tierra que les acogió “como si fuera una madre” en los momentos más tristes que en Canarias se estaba viviendo. Agradecidos del recuerdo, cuando siendo jóvenes y estaban llenos de ilusiones, se fueron a la tierra de todos, a cumplir una misión moral de hombre para con los suyos y sus pueblos, que bien supieron beneficiares de tantos sacrificios y el esfuerzo que esas gentes hicieron... Si hoy Canaria es tan bella y su modernidad llega ahí en donde está, ha sido con el fruto del trabajo de los hombres que lucharon en Venezuela, ¡y eso hay que reconocerlo! Digo con tristeza, que no todos lo entienden. Y lo que es más triste, no quieren entenderlo, a pesar de haber vivido los reales acontecimientos. Así, pues, todo lo que hagamos por Uds. es muy poco, ya que se merecen mucho más, así como Dios lo habrá reconocido y lo confirmará cuando llegue la hora...
En Tenerife y demás isla de Canarias existe la voluntad de darle a nuestra Octava Isla, a sus gentes y tantos compatriotas nuestros, que viven, trabajan y mueren allí, el valor inalterable de la identidad que cada cual tiene y los méritos alcanzados por cada uno, para ilustrar con ello la historia venezolana y en particular dignificarla, con el amor y el arduo trabajo de aquellos compatriotas emigrantes nuestros.
Sean pues, bienvenidos en vuestro terruño amado y que nuestra patrona la Virgen de Candelaria les colme a todos con sus bendiciones.

lunes, 16 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

HE RECIBIDO RECONFORTANTES SOPLOS DE AIRE FRESCO…
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
¡Vaya, ya era hora! Estoy satisfecho por la razonable aptitud de los señores políticos de nuestro Valle de la Orotava, incluido todos los colores y sus respectivas doctrinas políticas. Todos dicen lo mismo en sus alegatos divulgativos y propagandísticos: Hay que ayudar al Puerto de la Cruz, es muy necesario como motor económico que tantos puestos de trabajo siempre ha generado; y por su probada sintonía socio cultural y por el punto de vista estratégico que representa; fuente de equilibrio ambiental y turístico. Todos piensan en lo mismo, su revivificación -mande quién mande- y si, respetándonos mutuamente. Hace unos instantes dudaba si esto sería sólo una triste utopía, pero me animo a pensar que todo es posible si hay verdadero interés por salvar la situación en que todos estamos inmersos, desgraciadamente.
¿Y me preguntan a mí, quién lo ha dicho? ¿Acaso no oyen ni ven los medios informativos del Norte de Tenerife? Es más, también se han unido a la causa, políticos y periodistas de nuestra Capital, La Laguna, Tacoronte, el Sausal, etc. Estoy contento; yo también amo al Puerto de la Cruz, donde nací y me crié, donde he formado una familia estable y respetuosa. Estoy contento, verdad que si. Sólo hay que esperar al resultado de los comicios electorales y la reacción de los inconformes, así como la postura de las mayorías.

Ya se está diciendo por ahí que el Puerto de la Cruz se salva y que con ello se va a veneficiar toda la isla de Tenerife, desde el norte hasta el sur y por consiguiente, tanto el este como el oeste.

Promesas no han faltado, sólo que, aquellos que en realidad están con lo que digo, no sé si resistirán la avalancha de los retrógrados y disconformes, que sólo quieren ser ellos los destacados protagonistas de esta lucha sin cuartel y que tanto divierte a todos nuestros enemigos, los enemigos comunes de nuestra Islas Canarias.
Si hasta ahora ha sido imposible, ya es tiempo propicio, es el momento de decir la última palabra. No sólo hemos perdido un tiempo precioso, sino que estamos hasta la coronilla del mal oliente lodo político que nos ha salpicado… Ya es hora de sentar la cabeza y pensar con seriedad, ¿qué es lo que nos conviene en realidad? Tantos partidos políticos, tantas culturas y opiniones diferentes, ha sido la verdadera causa de nuestros lamentables fracasos; y en definitiva, el injusto retroceso de nuestras Islas.
¿Cómo es posible que aguantemos tanto engaño y desfachatez, tanto abusar de nuestra fe política tan repetidamente? ¿Quién pensaba arreglar nuestra situación económica? ¡Cuidado! Que si se nos va el turismo, la ganadería y a la agricultura no la incentivamos, no habrá peces en la mar para tanta gente, ni dineros suficientes para tantos sueldos, dietas, sobresueldos, etc., etc. Cuidemos lo poquísimo que tenemos, hagámoslo entre todos. Y el ·quijotismo· dejémoslo para otros que saben mejor que nosotros desenvolverse en el lodazal de la petulancia habitual en ellos.

sábado, 14 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

EN EL ABISMO DE MIS DUDAS EXISTE LA ESPERANZA

ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Las blancas cuartillas yacen en desorden sobre la mesa, como si estuvieran expectantes esperando que la inspiración brotara de mi mente, pero están tan profundas mis motivaciones, tan aferradas están  a ese mar de soledades donde navegan... Intuyo que su lejanía ha sido causada por la confusión y dudas en que vivimos inmersos. Cuando creemos estar tranquilos nos asaltan los fantasmas de la contradicción. Sólo se oye hablar de fraudes, extorsiones, amenazas, crímenes, asaltos y secuestros, terrorismo internacional, de genero, político y social. Las buenas formas cívicas y sociales se han perdido y el hombre parece cada vez más agresivo. Se ha perdido la ética profesional en casi todas las ramas del saber. Todo ha ido cambiando progresivamente, desde que nos soltaron las riendas, unas cosas –muy pocas- para bien de muchos; otras para hundirnos más en esa desesperación colectiva que sufre la sociedad moderna. Al hombre le está cegando su propia ambición, ya ni sabe calcular las nefastas consecuencias que ello puede generar. Ha confundido el camino... Lo estamos viendo claramente, todo se reduce a coaccionar o destruir aquello que pueda ser un obstáculo frente a sus pretensiones y deseos. Y así se destruyen voluntades ajenas y se matan los unos frente a los otros, burlados por sus mismas miserias.  Donde quiera que vayamos hallaremos el mal ejemplo entronizado como una amenaza constante. Es verdad, hasta se han perdido los nobles sentimientos, luego dejan la triste secuela de su herencia a merced de su propio destino.
Y sin embargo no soy tan pesimista como parezco, aún espero frente al blanco papel, a que mi mente se ilumine y pueda decir lo que en realidad siento, porque en el abismo de mis dudas existe la esperanza de que tanto malestar social en el Universo, sólo sea una mala racha... Que los ciclos de la vida nos devuelvan pronto aquella paz que vivimos sin tantos sobresaltos; y los seres humanos podamos mirarnos fijamente a los ojos sin el rubor del odio y el resentimiento. Y que volvamos a usar los buenos modales, y sanas costumbres; que disfrutemos como ayer del calor social perdido.
Podemos aportar, al menos, la tolerancia y buena dosis de humildad. Podemos despejar nuestras dudas aliviando nuestra conciencia al reconocer nuestros propios defectos y disculpar los errores de los demás, cuando vemos las mejores intenciones de arrepentimiento. La Humanidad quiere superar las situaciones negativas que nos ha tocado vivir, como si fueran elementos pasajeros, dado que, si no somos nosotros mismos los que nos impliquemos en la lucha, nadie lo iba a resolver, ya que es cuestión de todos. La esperanza está en nuestra conciencia, sincerémonos cuanto antes y elijamos el camino tantas veces señalado a través de una conducta más solidaria y cívica. Asumamos el reto con nuestra participación y pensemos más seriamente en la suerte de nuestros descendientes, que ya, de por sí, están preocupados. Incentivémosles  dándoles nuestros mejores ejemplos de ilusión, esperanza y lucha constante.Los distintos sistemas burocráticos son contradictorios, a la vista están... Nuestros políticos portuenses no sé en qué piensan, aparte de pretender demostrar absoluta representación ciudadana, cada cual desde su defendido partido político. Todos quieren salvar al Puerto de la Cruz; y ya la gente no se lo cree por más esfuerzos que hagan para demostrar su buena voluntad y los deseos incontenibles de salvar la situación con dignidad, trabajo y entrega… Pero la ambición corrompe a las personas y los malos instintos  obnubilan a sus calenturientas mentes. Hay que estar en las gradas, pacientemente y por supuesto lo más cómodos, sentados con lujo, viendo el lastimoso escenario lo más claro, sin perder detalle.
Todos merecen el máximo respeto, más quienes saben ganárselo. ¿Y por qué iba a ser lo contrario? Partiendo desde ese punto de vista, tal ves se acerquen más las partes disconformes. Ya sé que no es tan fácil, pero si hay voluntad, con muestras de nobleza y mejores intenciones, como seres civilizados que busquen soluciones inteligentes a corto o largo plazo, hallaremos los mejores resultados.
Seamos serios. Por ejemplo, los Partidos de la Oposición, gobernando hoy los que están en el Poder, en verdad, ¿desean que dejemos de ser la burla en todas las Islas Canarias y en la España peninsular, por tantos chanchullos barriobajeros?.. Si logramos sobre ponerlos a las respectivas ambiciones políticas y alcanzáramos un comienzo lógico, si pudiéramos todos ser concientes del delicado problema que amenaza a Puerto de la Cruz y decidiéramos resolver patrióticamente este lamentable problema político, todos íbamos a pasar a la historia popular como activos personajes que buscamos siempre lo que era necesario, de la forma que fuera, con tal de darle a nuestra ciudad  ese nivel patriótico que nadie debe usurpárnoslo, su bella historia y abolengo,  su sonoridad y tantas bellezas más que desbordan sus encantos… Pero… ¡No hay voluntad ciudadana! ¡Ni amor a nuestro Puerto de la Cruz! Ante nuestra apacible mirada lo estamos viendo morir sin inmutarnos, casi despectivamente, sólo por la ambición de unos pocos. ¿Qué va a ser de nosotros?

ART. DE UN PORTUENSE,

COSAS DEL DIARIO ACONTECER CIUDADANO

ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Hay veces que uno se halla frente a una aparición fortuita, una inesperada imagen mucho tiempo deseada y nos sorprende su presencia… Hay veces que parece imposible que fuera cierto lo que nuestros ojos atisban, son como luces que fulguran en las tinieblas. Son como luminarias prendidas del oscuro firmamento, que nos encandilan súbitamente, como las estrellas que nos guiñaran y parpadearan desde lo lejos y nos sentimos como noctámbulos pasajeros que deambulamos inseguros por la orilla de los ocultos caminos perdidos… Somos los errantes caminantes que impresionados hoy ante la supuesta evidencia recelaremos de tanta belleza presente.
Hallé por fin, un refugio adonde esconderme, literalmente, se supone. Encontré un lugar tranquilo y que me permitiera ausentarme todo el tiempo necesario hasta lograr aclarar y solventar mis dudas y conseguir estar solo, no hablar ni escuchar a nadie, sólo oírme a mi mismo en tanto reflexione y ordene mis acuciantes ideas, quería estar esquivo, no escuchar  ruidos ni voces disonantes… En cambio sí, hallar un apetecible encuentro con una de mis preferidas intervenciones del genial Chopin, que no debo desairar, más bien me consuela y me acompaña en mis aflicciones...
¡Cuántos valores hemos perdido! Al ritmo que vamos, la nuestra va a resultar ser una sociedad muerta, si continúan faltándonos nuestros ideales y aquellos valores que siempre nos identificaron, pilares tan necesarios para una normal convivencia entre unos y otros, conceptos importantísimos para mantener fijo  el justo equilibrio social, que como estamos viendo, se tambalea.
Sí, la música me pone sentimental, me persuade y me trae a la memoria épocas pretéritas inolvidables. Cuando las personas éramos sensibles, respetuosas y más solidarias de lo que son hoy. Con esas tres e indispensables cualidades, vencimos épocas muy difíciles. Crisis financieras, persecuciones políticas, acosos indebidos, amenazas y secuestros, guerras y sus dramáticas secuelas, hambruna y enfermedades… Todo ese cúmulo de adversidades que sí fueron minimizadas con nuestros valerosos sentimientos cívicos y eminentemente sociales.
Hoy esos valores comunitarios y tan necesarios en el ámbito social, en nuestros pueblos, han decaído considerablemente. Aquella semilla de amor es como si se hubiera enfermado y sólo germinara de ella la escoria que haya suplantado, en gran medida,  a nuestros principales esquemas sociales y a la vez, morales. Aquellos valores mal interpretados y hoy víctimas del desprecio más absurdo.
Realmente, se nos hacen incómodos los distintos conceptos que las nuevas generaciones tienen de sus estériles y nefastos proyectos. Como si para ellos la vida fuera acabarse, cuando aún están comenzando. Como si se hubieran declarado en rebeldía y quisieran acabar con todo aquello que tan gratuitamente les hemos dado, para que se sintieran mejor de lo que muchos, ni se merecen. Como si al no tener perspectivas ni ganas de hallarlas, se sublevaran contra sus mayores que ya más no puedan darles; y les quieran erradicar anulando todos aquellos principios y hasta las sanas costumbres. Con toda la suerte ambicionada, en general no piensan y proceden así, la diferencia es notoria en los que han seguido nuestros pasos y han luchado siempre por mejorar sus estatus de vida, y el de los suyos.
Hay una juventud admirable, y esa es nuestra única esperanza. Jóvenes que supieron mantenerse firmes en su camino de superación y de estudios, de ideas fijas y altruistas, que han sacrificado mucho para ser cada día mejores personas y que, algunos de ellos, ya ocupan puestos importantes (no muchos, pero algunos si…) cada cual en su escala, en los lugares más estratégicos (¿?) de nuestra convulsionada sociedad y que, sin lugar a dudas, serán ellos nuestros leales guardianes y el mejor ejemplo a imitar por la otra juventud víctimas de la desorientación social existente.
La agresividad existente en la calle, en cualquier lugar y en cualquiera circunstancia, es verdaderamente preocupante, Delictiva, amenazante y comprometedora. Quieren hacerse los dueños de todo, sin reparar en el daño que nos hacen y sin que teman a las consecuencias que se enfrentan… Mientras, la Justicia sigue siendo la misma, tolerantes (no en todas las decisiones jurídicas) y permisiva. A gritos, la razón pide que las Leyes sean reformadas, actualizadas, que hagan por evitar tantos descaros y contengan esos cotidianos abusos de los cuales somos directos objetivos, sobre todo las personas mayores de edad; y hasta evidencian, o así lo parecen denunciar, que en realidad les tienen miedo…

martes, 10 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE,

COMPROMISO SOCIAL Y HUMANO DE SIEMPRE
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
Hoy he vuelto a sentir el deseo de amar, de recorrer todas las distancias entre la ilusión y el desencanto, frenar y vencer el miedo al espectro cruel de la incomprensión, quizás agobiado por los años y viendo que la sociedad se hunde sin que nadie pueda salvarla, en la más crítica ignominia. Esto yo lo veía venir, mis presagios fueron acertados. Muy tonto hay que ser para no entenderlo. De esa libertad que promulga la democracia hemos pasado, casi sin darnos cuenta, al vulgar libertinaje: que cada cual haga lo que le plazca.
A nuestra querida gente cuesta mucho convencerla (dicen los hombres honestos que quieren salvar a esta sociedad. nuestra) y yo estoy de acuerdo con ellos; quieren que sigamos un camino recto y provechoso ya planificado, igual para todos, sin privilegios.
Ofreciéndonoslo sólo con el deseo de ayudarnos a vivir una vida mejor, con lecciones cargadas de experiencias y sabiduría, más, añado, cuesta mucho que lo entiendan... En cambio, hacia la destrucción de todos nuestros valores culturales, cívicos, sociales, políticos, etc., todo el mundo se ofrece "voluntariamente" y cada día que pasa estamos menos valorizados, no somos más que un montón de contraposiciones decepcionadas, un montón de seres que ya no sabemos cuál camino llevamos, o es que queremos ignorarlo. ¿Qué harán luego? Esa incógnita me atormenta y desencanta, sinceramente.
Ya, aquello del respeto hacia los demás, créanme, salvo valiosísimas excepciones, eso desapareció <<culpa de todos>> de los adultos bien nacidos pero mal orientados, o simplemente sin buenos principios. Hoy sólo queda la pena de no haber sabido atajar el mal, pero tampoco hubo muchas oportunidades y mucho menos apoyo de las autoridades competentes que "irresponsablemente" pasaron del asunto. En fin, que lo estamos pagando caro y muy caro, ya la mezcla se hizo, con sus incongruencias y todo eso... Ya nada hay qué hacer, sólo esperar a ver donde vamos a llegar.
Indudablemente que los cables se cruzaron y eso es malo, no se puede mezclar una cosa con la otra sin antes estudiar sus consecuencias... Ese ha sido, posiblemente, el punzón que me ha estropeado la inspiración, quiero agradar a unos y a otros, luego sin desearlo parezco cruel para todos o la mayor parte, cosa que me duele. Pero tengo que manifestarme, tengo el derecho constitucional que me ampara para poder decir lo que siento, ¿o estoy equivocado? Que si la gente no se respetan unos a otros, tengan el nivel social que tengan, no es grata la convivencia. Cuidémonos de los falsos y atendamos a nuestras obligaciones exigiendo nuestros derechos. Demos la cara como buenos ciudadanos y obliguemos a los demás a cumplir con sus deberes y si no lo hacen denunciémoslos.

lunes, 9 de mayo de 2011

ART. DE UN PORTUENSE

COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Alineados en el suelo esperaban los bultos, a que fuera la hora de la partida. Antes debía llegar el grupo de amigos, según lo convenido y al lugar que se divisaba desde una de mis ventanas. Lukas yacía echado ante la puerta que conduce a la calle, yo como siempre, dando vueltas y más vueltas para dejarlo todo en orden.
Eran las seis de la mañana cuando me percaté de que habían llegado. Sin demorar un instante más, recogí mi morral, la garrafita con agua, un par de bolsas más y acompañado de Lukas, mi inseparable cocker, sigilosamente abrí la puerta. Ya en la calle, en sendos coches, nos distribuimos para ir lo más cómodos posible y enfilamos la ruta desde el Puerto de la Cruz, en la dirección acordada. Para darle más esplendor al viaje decidimos desechar la autopista del Norte y nos fuimos, aún con las luces de los coches encendidas, por toda la carretera vieja. El Botánico, Barranco La Arena, San Pablo, Cuesta de  la Villa, Santa Ursula, La Victoria de Acentejo, La Matanza de Acentejo, etc. El aire era fresco en esas horas de la mañana, aún no había despertado el alba, y sin embargo, los caminos estaban animados. Claro, había coches circulando  en ambos sentidos; mas, con deleite, pude comprobar lo atractivo del momento. En determinados lugares y en los márgenes del camino, se veía, también en ambos sentidos, carretas tiradas por bueyes que transportaban la hoja del maíz; otras, llevaban pinochas o hierbales para el ganado. Y las hermosas bestias cargando los olorosos frutos del campo y la verdura fresca... Me sentía tan halagado y complacido, que, emocionado paré el coche e hice señales al resto del grupo para poner pie en tierra y gozar del singular momento charlando con las gentes de nuestro campo que animosamente nos saludaban; e incentivados por el grato ambiente, decidimos entrar en una ventita alumbrada por un par de antiguos artilugios de carburo, a la vieja usanza y allí pedimos, a pesar de lo prematuro de la hora, un poco de vino, queso de cabra, pan del día anterior y para quién apeteciera rosquetes del lugar. Con esas mismas personas hablamos del campo y ellos comentaban lo de la influencia absorbente del turismo en las ciudades, con el consiguiente abandono de la tierra por los muchachos de hoy, ese éxodo preocupante que trata de buscar nuevos horizontes llamados por la codicia y el bienestar, sin darse cuenta que podrían perder una cosa y la otra, que la tierra es firme y generosa si se la trata con amor y sacrificio, también con inteligencia. Lo del turismo es cuestión de prepararse bien, yendo a Escuelas especializadas a tal efecto. Ahora es solo una ocasión que tiene alas, como las aves de paso, hoy se da bien aquí, mañana no sabemos. Puede surgir un mañana difícil para esa rica fuente de trabajo. Pienso que la tierra es un don de la Naturaleza, es la verdadera promesa de la vida hasta el final de nuestros días, nos dará cobijo y alimentos y será la cuna perdurable de todos nuestros sueños, donde descansarán para siempre nuestros huesos, que aunque sean materia muerta están ahí abrigados por esa noble masa señalando nuestro paso por la vida...
Embebidos estuvimos, en la grata compañía y la sana alegría de esa gente noble del campo, que al expresarse transmitían confianza, la sensación de ser amigos de siempre: de estar entre familia celebrando un feliz encuentro. Y es que no se puede saborear "lo nuestro" sin detenernos en ese ambiente, aunque sea sólo por un momento. Gastamos media hora en la acertada parada y aprendimos la lesión más hermosa de esa grata mañana ya aclarada por el celestial lucero del alba, que ascendía a través de las montañas saludando con su espléndida presencia, cuando acababa de correrse el gris velo de la madrugada, anunciándonos el nuevo día...
A las once de la mañana todavía estábamos de jarana según entrábamos en los pueblos, donde también hacíamos compras de frutos frescos y secos y verduras, para recogerlos al regreso y mientras tanto, pues, comíamos algunas truchas rellenas de mermelada de membrillos o de dulce de batatas. Hablando con nuestra encantadora gente del campo a los cuales  envidiaba en esos gratos momentos, me sentía influenciado por sus costumbres, por su forma de ver la vida, tanto, que llegué a desear ser uno de ellos y olvidar tantos perjuicios y estúpidas limitaciones que nos impone nuestra confusa sociedad. Llegué a sentirme tan a gusto y relajado que no deseaba otra cosa que continuar entre ellos, sin ir más lejos. Pero lo hermoso era, que si seguías adelante ocurría lo mismo, todo era igual de hermoso... Lástima, cuando uno sale así,  con el tiempo programado, sin opción para cambiar los esquemas acordados y tienes que dejarlo por imperativos de orden... Luego surge la promesa que no vamos a cumplir, cuando decimos que hay que repetir y de que entonces será por más tiempo, etc.. etc.
Después de tanto deambular de un lugar a otro, decidimos llegar hasta el impresionante y bello Monte de La Esperanza y dijimos de terminar la última comida del presente día allí. Fueron momentos inolvidables.
Llegamos hasta el verde y soberbio monte ya entrada la tarde, aunque la bruma baja aún no había hecho acto de presencia y, aunque el Sol declinaba hacia su inmediato poniente, pensé que era el momento justo de extender el arrugado mantel sobre la fresca hierba, y, sacamos lo que habíamos llevado o lo que ya quedaba de ello y lo fuimos depositando sobre la estampada tela, en cuyo centro coloqué la garrafa de vino que compramos en La Matanza de Acentejo. La comida toda fue en frío, no hicimos fuego, no fue necesario. Ya lo habíamos acordado antes de organizarnos para gozar este día, siempre ante el temor y el propio riesgo que ello podría suponer en el monte si hacíamos fuego para calentar... Con el vino y nuestras vitales energías sobraban calorías. Fue un rato delicioso el que vivimos, a los postres siguieron los chistes salpicados de sano humor y alguna que otra balada... Cogidos de las manos, algún matrimonio se alejaba un poco, muy caramelizados y se perdían entre el ramaje espeso de la frondosa vegetación. Y yo acariciaba la cabeza de mi perro, sintiéndome algo melancólico, y mi mente también se alejaba por derroteros diferentes, perdiéndome en la maleza y sin saber a dónde iba, sólo buscaba distanciarme hasta llegar a un pasado ya lejano que me hablaba de otros momentos vividos con la tierna y espléndida lucidez de la juventud, en aquellos años apasionados, llenos de fantasías y clamores incontenibles... Y sólo hallé las sombras de mis sueños en la espesura del bosque, sin escuchar apenas un eco... estaban muy lejos, en los recuerdos, en el tiempo y la distancia. Mas, tuve que conformarme acariciando nuevamente al perro que insistentemente me miraba y con expresión triste parpadeaba viéndome tan callado... Así estuve un buen rato, hasta despertar envuelto en el jolgorio y la natural algarabía que entre los demás habían organizado, la que armaban los amigos mientras se disponían a recoger las cosas y "dejar todo limpio" como lo habíamos encontrado al llegar a ese entrañable y paradisiaco lugar... Haciendo un razonable esfuerzo me sobrepuse imitando a los demás, todo el mundo felices y contentos... No había otra opción que fingir que estaba del todo alegre, obviando la identidad de aquel pasado que en mí no muere...

ART. DE UN PORTUENSE,

VETERANOS DE LA MEDICINA AUXILIAR CANARIA
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Celestino González Herreros
Entonces se desbordaban las ilusiones, llegábamos a pensar que nos esperaba el comienzo de algo nuevo, un acontecer que habíamos gestado desde los albores de nuestros estudios para culminar en una realidad vocacional, firme y estable, que, previamente, sospechábamos serían momentos muy felices que durarían siempre, al entregarnos por entero y con amor, a nuestros futuros enfermos. Ingenuamente pensábamos que siempre íbamos a ser apoyados y alentados en tan noble tarea. Que sería el propio médico el primero en valorar nuestra entrega. Que seríamos respetados y que nadie trataría de romper esas ilusiones nuestras... Nada más lejos de la realidad, salvo en honrosas excepciones, el panorama fue nublándose por la prepotencia de algunos, que, desde sus aventajadas posiciones, delimitaban nuestro campo con sus intransigentes y celosas conductas hacia nuestra clase profesional. Durante el transcurso de algunos años, que más parecían siglos, nuestro ejercicio, como Practicantes en Medicina y Cirugía Auxiliar, ha pasado por todo: desengaños sin cuento y satisfacciones incontables. Hemos sabido soportarlo, y luchando sin escatimar esfuerzos, hoy podemos narrar nuestros logros alcanzados, tanto en lo social, como en lo económico, resultados estos, por la perseverancia, hemos logrado nuestras dignas reivindicaciones, las hasta hoy alcanzadas. Ello, sin el apoyo jurídico y sindicalista de que se valen actualmente los profesionales. Todavía, hoy, se nos discuten algunos de nuestros derechos, pues, somos atacados desde bandos paralelos. ¿Y nuestras metas futuras, serán otras menos críticas, más alentadoras? Que amarren cabos desde ahora... Nosotros, "los veteranos," ya venimos de vuelta, tenemos muy claros esos horizontes a pesar de su túrbida lejanía... Ojalá que sirva de precedente a los que nos están sucediendo a medida que nos llegue la polémica jubilación, algo tendrán que aprender... aunque crean que ya se las saben todas.
Yo recuerdo una medicina más humanizada... Recuerdo, igualmente, que el enfermo era fiel a nuestros principios, por supuesto, en la medida  que lo fuera nuestra conducta y la misma personalidad. La medicina que practicábamos iba a donde estuviera el enfermo, estaba proyectada hacia el que estuviera postrado en cama, o el paciente de edad avanzada con problemas de movilidad. Cuando los profesionales iban, en el medio rural, sobre lomo de bestia y maletín en ristre, a la hora que fuera y siempre expuestos a las inclemencias del tiempo que hubiera, máxime en aquellos crueles inviernos, cuando no paraba de caer agua y el viento batía tempestivamente. ¡Cómo llegaban a sus casas, ya de regreso!.. Y, sin a penas haber tenido oportunidad para quitarse de encima la ropa mojada, venían a buscarles nuevamente, ahora para asistir un parto, luego quién sabe. Mi padre fue Practicante (que descanse en paz su alma) y siempre me contaba sus experiencias y las de algunos colegas de su época; eran otros tiempos y las gentes no se parecían en nada a las de ahora. La imagen del Médico y la del Practicante fueron un tanto veneradas. Esa entrega de la cual hablo de algunos de ellos, era inspirada por el amor desinteresado hacia nuestros semejantes; en muchas ocasiones, ya veían la pobreza y la miseria, en los patéticos y desesperados cuadros de dolor en que se veían inmersos... Donde estaba el enfermo, abatido e indefenso, allí estaba la verdadera causa que les movía y en ella ponían todas sus fuerzas y los conocimientos que tuvieran en mente. Estaban sus agitados corazones, clamando a Dios ayuda para salvarles de las garras de la muerte. Allí estaban aquellos Médicos y Practicantes, luchando codo a codo cuando no, el Practicante solo, con las instrucciones escritas en un arrugado papel para que fueran a la Botica más cercana algún familiar... Miles de veces la misma situación, la misma soledad e indefensión, solos frente al enfermo que con la ayuda de Dios intentaban salvarle, insistentemente, sacando fuerzas quién sabe de dónde y escudriñando la mente en busca de la luz que proyectara la fe.
Hacen unos cincuenta años, o algunos más, cuando todavía había muchísimas casas, sin olvidar las barracas y ciudadelas, cuyos enfermos no tenían ni sábanas con que cubrir sus débiles cuerpos, obviamente, eran tiempos muy difíciles. Aquellos hombres de bien, los "Veteranos" se alimentaban de una energía piadosa que les daba aliento para trabajar día y noche, noches enteras, sin descanso alguno. Recuerdo a mi padre, Enrique González Matos, cuando llegaba de la calle a comer y se quedaba dormido, muchas veces, en la mesa, antes de acabar, soltar los cubiertos varias veces, porque llamaban a la puerta solicitando sus servicios, bien en casa, o, para que les acompañara a las de ellos... Ahora mismo, recuerdo, una de tantas anécdotas, también, de mi larga vida profesional. Estábamos almorzando en mi casa, había un rico puchero en la mesa y cuando acababa de servirme una buena ración, llamaron a la puerta con evidente desespero; se trataba de un niño que estaba muy enfermo, según decía el padre y tenía que desplazarme hasta su casa, en un barrio de la periferia... Mas, sin pensarlo dos veces, cogí el maletín y salí corriendo y me metí en un coche que me llevaría; el regreso lo hice a pie. Dicho señor, a quien acompañaba, durante el trayecto me fue dando detalles, -antes era así- uno tenía la obligación de saber todo lo más posible respecto al enfermo; no, como ahora, que algunos médicos se molestan si uno mete las narices...
 
Lo cierto es, que, cuando llegamos, el niño había muerto. Me parecía imposible que su destino fuera ese. Ver aquel cuerpo, era rubio como el sol crepuscular, tendido sobre la cama, de apenas unos cinco años... No pude resignarme y traté de reanimarle con respiración artificial, masajes cardiacos, etc. Así estuve ni sé el tiempo, hasta que el padre, rendido ante la evidencia, me instó a que lo dejara, que no había nada que hacer. Aquello fue muy duro para todos; yo lo sentí tanto, que, aún, después de haber pasado más de cincuenta años, -al comienzo de mi vida profesional- me duele recordarlo. Ahora bien, ¿cómo hubiera sido si yo, le hubiera dicho al padre angustiado, que esperara a que comiera algo, que se fuera, que yo iría luego? O, como sucede hoy "habitualmente": Mire Ud., llévenlo algún lugar donde atiendan las urgencias o a mi Despacho particular, dentro de un par de horas...
Cuando solicitaban nuestros servicios, nacía en nosotros un sentimiento oculto de caridad solidaria que nos imponía, decididamente, sobre cualquiera otra conducta negativa. Que yo recuerde, en esas mismas circunstancias, nunca conocí la arrogancia ni la soberbia, en cambio, sí, la humildad ante esos desagradables momentos que sufrieran muchos enfermos y sus familiares. Modestamente, permítanme decir, que ese dolor lo hacía mío.
Si cada Médico de antes, o cada Practicante, hubieran dejado constancia escrita de sus vivencias profesionales, coincidirían en mucho, porque el panorama y la calidad de hombres y mujeres, era la misma. Recordemos aquellas eficientes comadronas, de las que, por suerte, hoy quedan algunas... Habíamos elegido la profesión de Practicante, por vocación, no sería por lo que se ganara "materialmente" con ella. Los objetivos eran los mismos: estar cerca del enfermo siempre que fuera necesario y a cada cual nos importaba muy poco cómo lo hicieran los demás, porque éramos conscientes de la condición de nuestros principios. Aquello que sentíamos, era como una voz que nos alentaba, que iba a disipar nuestra angustia y las penas de nuestro prójimo... ¡Allá cada cual con su conciencia, los que la tuvieren!
Actualmente, los colegas Titulados como Ayudantes Técnicos Sanitarios de Enfermería -luego como Enfermeros, tal vez Auxiliares, etc.- la gente joven del gremio, casi siempre, ha contado con múltiples facilidades, si recordamos cómo éramos nosotros, perspectivas que no tuvimos; y soy consciente de que estamos (no iba a decir progresando...) mejor "encajados", económicamente, aunque sigamos con los sueldos congelados y sufriendo otras tantas calamidades, no nos quejamos tanto... Los Hospitales donde han "practicado" están mejor dotados que aquellos donde ejercíamos nosotros. Acuden a Congresos y pueden proveerse de buenos libros de estudio. Dado que la Medicina está más pulida, las técnicas son  más seguras y estables, van sobre ruedas por el fácil camino del progreso. Ya los enfermos no se curan en sus casas, van a los Hospitales, Residencias Sanitarias, Ambulatorios, etc., donde hay de todo, no es necesario "improvisar" para poder salvar una vida. Ni había Seguros de Responsabilidad Civil y Profesional. Antes se hervía el material quirúrgico, las jeringuillas y las agujas, no sólo aquí, en todas partes del mundo, aunque si habían autoclaves y esterilizadores...
No tantos mecanismos desechables que dejan buenos dividendos a sus fábricas y los distribuidores; aparte de garantizar la asepsia necesaria, no lo pongamos en duda. Hoy hay adelantos que asombran, la Electrónica e Informática han revolucionado a la Medicina, cuando antes no había más que lo que se podía aprender con mucha voluntad y sacrificio en el estudio continuado y la práctica adquirida. Había mucho corazón entregado a la labor diaria y con ello escalábamos todos los obstáculos que se nos interpusieran en nuestro empeño moral por ayudar a "nuestros" enfermos.
Quisiera hacer un ferviente homenaje, en el día de hoy, a todos esos Veteranos de la Medicina, Médicos, Practicantes y Comadronas de los centros urbanos  y medios rurales, verdaderos héroes de nuestra lucha. Y, muy especialmente, a los que se han ido de nuestro lado terrenal hacia la Divina y Eterna Morada... Aquellos que tantos buenos ejemplos nos dejaron y que fueron nuestros maestros. Y, a los muchos que aún quedamos, luchando aún para vivir con dignidad lo que nos quede de existencia, dando nuestra generosidad y civismo en un ambiente completamente distinto, evocando con nostalgia, aquellos viejos tiempos, cuando dábamos más de nosotros, cuando se nos iba a buscar a casa y nos sentíamos honrados con esa suerte de ser elegidos por profesionalidad y excelente conducta, a consolar hasta el último instante de vida a tantos seres queridos, amigos y aunque no fueran ni conocidos, allí, en el lecho de su muerte... Cuántas miradas de agonía tuvimos que consolar, aunque fuera con una simple caricia... Muchos enfermos, ya en su fase terminal, robaban a su expresión de miedo y angustia, la mueca agradecida de una fugaz sonrisa, dedicándonosla, sólo al escuchar nuestros pasos, o, al reconocer el timbre de la voz al hablarles... Y, sacaban su mano de bajo de las sábanas en ademán solícito, buscando nuestra humilde ayuda, que, luego se cristalizaría en su resignada y triste mirada...
Fue una labor entrañable, por suerte, aún lo sigue siendo para mí, en las postrimerías de mi vida profesional. Siento la satisfacción cristiana de ese deber cumplido, me da todo el aliento. para seguir. No creo que exista felicidad más grande, que la de recordar todas aquellas vivencias, viendo a mi alrededor miradas de gratitud de gente mayor, que son los que saben la historia, como no he sabido contarles por sana modestia, por la razón que fuera, pero que se irá conmigo a donde las brisas a mi alma se lleven cuando sea el momento...